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Un chiste verde

Nuestra historia transcurre en el lejano planeta de Angelis. Allí durante miles de años, los orkos que lo habitan han estado llevando una vida normal, discutiendo, peleando, dándole golpes a cada kanijo que pasaba cerca… el día a día de la sociedad orka vaya.

Y así fue hasta que una buena mañana, un mecánico orko visionario miró hacia las estrellas y se dijo “Ya ez hora de patear otroz trazeroz”, así que comenzó la construcción de un inmenso gargante orko, para machacar a todos los que se cruzaran en su camino. A los orkos de Angelis, por supuesto, les encantó la idea y muy pronto todos estaban dedicados a la construcción de la monstruosa máquina de guerra.

Sin embargo, muy pronto surgieron desavenencias. A medida que el gargante crecía y tomaba forma, un grupo numeroso de orkos empezó a verlo como la representación de Gorko, el dios violento y brutal de los orkos, mientras que otro grupo importante de orkos lo vio como la representación de Morko, el dios astuto y traicionero de los orkos. Por supuesto, estos dos grupos siempre están discutiendo y peleando entre si, pero eso no evita que los orkos continúen incansablemente trabajando en el gargante. Cuando esté terminado, los orkos de Angelis lanzaran su ¡waaagh!, y entonces, para variar, dejaran de pegarse entre si, para pegar a los demás. Por supuesto, los orkos no llaman a su planeta Angelis… lo llaman Gorkamorka.

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Caía la noche en la ciudad de Mekaburgo. Al ser un planeta fundamentalmente desértico las temperaturas bajaban a una velocidad considerable a esas horas, por lo que los orkos que aún continuaban por las calles de la ciudad, se apresuraban a encontrar algún refugio para pasar la noche.

Un viejo orko cambiaba en medio de toda esa vorágine, intentando también encontrar algún sitio donde resguardarse del frio. Era un viejo morkista, jubilado ya de las peleas de bandas. Tenía una pierna de palo, ya que la suya se la arranco de un mordisco un mutante, y además estaba ciego por culpa de un accidente con el motor de su antiguo carro. A causa de su ceguera, se había despistado caminando por la ciudad y se encontraba lejos de sus sitios habituales de pernocta, donde ofrecía a los jóvenes morkistas un sinfín de historias, algunas ciertas y otras inventadas.

Quiso el destino que el primer lugar que encontró el viejo orko para resguardarse fuera una tasca frecuentada por gorkistas. Si nuestro protagonista hubiera podido ver donde se metía, quizás se lo hubiera pensado mejor antes de entrar, pero como no veía donde estaba, camino resueltamente hacia la barra y tomo un asiento libre.

El ambiente del bar era ensordecedor. Los orkos gritaban y reñían entre si, mientras degustaban grandes cantidades de cerveza de hongos que, un par de atareados gretchins, iban sirviendo. Sin embargo, el viejo orko consiguió finalmente hacerse oír, y bebió con gusto un largo sorbo de la cerveza de hongos que le acababan de poner delante.

– ¡Aaaaaahhh! – Gruño con satisfacción el viejo orko sin hablar con nadie en particular – Hazia mucho tiempo que no probaba una zerveza tan buena. Me ha puezto de buen humó, zi señor. Oz voy a contar ahora mizmo un chizte zobre gorkiztaz que oz vaiz a partir la caja…

Poco a poco, el murmullo del bar fue apagándose, y una treintena de minúsculos ojos rojos fueron posándose en el viejo orko. Aunque el morkista no lo sabía lo miraban con abierta hostilidad, como deseando que hiciera o dijera cualquier cosa para abalanzarse sobre él.

Mientras, el gretching que estaba detrás de la barra, pensando que después de todo el tumulto que se iba a formar le iba a tocar a él recogerlo todo, se acercó disimuladamente al viejo morkista y le dijo.

– Zeñor… dizculpe… pero quiero avizarle de que el zeñor que tiene uzted al lado ez uno de loz noblez gorkiztaz maz poderozoz de Mekaburgo, que al otro lado ze encuentra uno de loz maz afamadoz luchadorez de pozo gorkizta y que eztan aquí también doz o tres bandaz completaz de gorkiztaz… ¿Ezta uzted zeguro de zeguir queriendo contar eze chizte?

El viejo morkista se rasco la cabeza con parsimonia, y dijo después de unos momentos de pensativa meditación

– Mejor no… pazo de tener que ezplicarlo trez o cuatro vezez…

3 comentarios en “Un chiste verde

  1. Me esperaba un chiste verde…. y no me ha decepcionado…. es muy verde!!!

  2. jajaajja el final me ha matao xD

  3. Que güeno el chiste, me parto…

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