EL PODER DEL ESTADO-IMPERIO by Traf1k

Me complace anunciaros el nuevo articulo del Rincon de Traf1k, esta vez es algo más serio, y versa sobre el mundo de infinity:

El poder del Estado-Imperio
Zhi Li, teniente de la 65º Unidad de intervención especial afincada en Paradiso, se atrevió a echar un vistazo por la ventana. A pesar de que su camuflaje termo óptico estaba activado, fue recibido por una lluvia de disparos que apenas le dejaron entrever un poco el exterior. Fue suficiente para el veterano guerrero. Al menos un par de carontidas, un T.A.G. y unos 20 de esos malditos morat, además de alguno de esos ladinos Shavastii. Por supuesto, no había podido ver directamente a los Shavastii, pero sus instintos le decían que estaban ahí, esperando al momento adecuado para actuar.
Odiaba a los Shavastii. Hace un par de días un asesino especular había conseguido infiltrarse en el complejo. La maldita criatura había matado a tres de sus mejores hombres antes de que saltaran las alarmas y pudieran arrinconarlo. El objetivo del muy cabrón eran las consolas que controlaban las puertas del complejo.
-“Si lo hubiera conseguido ya estaríamos todos muertos” pensó “Aunque quizás fuera mejor así, a este paso como no recibamos suministros pronto, todos moriremos de inanición”
Llevaban más de un mes aguantando en aquel complejo y hacía tiempo que se habían terminado todas las raciones. Ahora sobrevivían como podían a base de atrapar aves y unos mamíferos parecidos a gatos. Odiaba a los gatos. Pero desde hace unos días incluso esta magra comida había escaseado, o estaban agotando las existencias o esos malditos animales se estaban volviendo cada vez más cautelosos.
Su única esperanza radicaba en que el Alto Mando recibiera el mensaje que Bo Lian, su último hacker en pie, consiguió mandar un par de horas antes a través del bloqueo del ejército combinado. Desde ese momento los ataques se habían encrudecido, y todo indicaba a que Bo no tendría una nueva oportunidad para romper el bloqueo. Solo cabía esperar.
De repente las señales de su traje se activaron. Tenía un mensaje entrante por el canal de mando.
– “Señor le necesitamos en la puerta principal lo antes posible. Está ocurriendo algo muy extraño aquí”
El mensaje le turbo un poco, ¿algo extraño?, ¿Qué podría ser?, pero decidió que no había tiempo que perder haciéndose preguntas y se encamino, con paso firme, hacia la entrada principal.
Nada más llegar el teniente Zhi Li pudo comprobar que era eso tan extraño que estaba pasando. Parecía que alguien o algo estaba golpeando la puerta.
– “ Es muy raro Señor” – Le comento uno de los guardias – “Ya escucha usted lo que pasa, y sin embargo la telemetría indica que no hay tropas del ejército combinado en un radio de 100 metros a la redonda”
“Sin duda estos alienígenas tienen tecnología suficiente para burlar nuestros escáneres” – pensó -”pero no resulta lógico hacer ese esfuerzo para después descubrirte llamando a la puerta”
Tras unos momentos de reflexión abrió todos los canales de comunicación y dijo.
– Quiero que cada arma de la que dispongáis apunte a esa puerta. Vamos a ver que ostias está haciendo ese ruido. A mi señal, 3, 2, 1, ¡ya!, ¡abran!
La puerta siseo y se abrió lentamente. Nada de lo que hubieran visto anteriormente les había preparado para ese momento…
Las letras “Restaurante Chino Hong Kong” impresas en un ciclomotor blanco bastante ajado fue lo primero que les llamo la atención. Después se fijaron en que un hombre chino, con camisa blanca algo sucia y bolsas de plástico en las manos, los miraba con cara de pocos amigos…
“Yo llamal dulante un buen lato y nadie ablil” – dijo – “¿Polque nadie ablil? Yo tlael encalgo de comida. Y aquí habel mucho tilo y vosotlos no avisal, ¿Polque no avisal? Yo espelal que vosotlol buena plopina dal a mi, yo pasal mucho pala llegal aquí. Comida buena, vosotlol comed rollito de plimavela y buena plopina dal a mi. Y ploxima vez avisal que mucho tilo aquí”
Mientras todos le miraban con la cara desencajada, el chino entró en el complejo y comenzó a repartir bolsas de plástico, de las cuales salía un leve tufillo a agridulce. El teniente Zhi Li alargo la mano para coger la suya y, desazonado, la entreabrió para ver que tenía…
Oh no – pensó –“Otra vez gato”…

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